PRINCIPIOS DE ELDORADO-CONFERENCIA SR. A. Mónaca

Periodista Sr. Alberto Mónaca - Primer periodista en Misiones.

CONFERENCIA SOBRE PRINCIPIOS DE ELDORADO Y MISIONES

Periodista Sr. Alberto Mónaca.

CONFERENCIA EN EL MUSEO MUNICIPAL CASA DEL FUNDADOR EN El PARQUE SCHWELM DE ELDORADO (07/09/2014)

Periodista Alberto Mónaca

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Yo conocí Eldorado en 1948, es decir, hace 66 años cuando la colonia contaba con 29 años de su fundación. Había sido invitado por los padres de una hermosa joven a quién pretendía como novia. Ella todavía era alumna del Colegio Nacional de la Ciudad Capital de Misiones, donde la conocí cuando yo también había sido estudiante de ese histórico establecimiento. Su familia residía en el kilómetro 8 y, cuál fue mi sorpresa cuando al presentarme, la madre me informó que ya habían reservado una habitación en la casa de su amiga, la señora Novak, para mi circunstancial residencia. Esa hermosa casita estaba frente a la estación de servicios de Don Ignacio Meschede. Al retornar minutos después fui objeto de una atención realmente maravillosa, con desayuno repleto de manjares artesanales de diversos gustos, almuerzo y cena con excelentes platos de comidas tradicionales del país de origen de esa familia inolvidable. A la mañana siguiente acompañaba a mi pretendida, a pie, hasta el kilómetro 9 para hacer trámites en la sucursal del Banco de la Nación, en el Correo y en ese histórico establecimiento, que era orgullo de Eldorado y también de Misiones, como lo fue la Cooperativa Agrícola que, para esa época, figuraba entre la más grande e importante de la República Argentina. Antes de volver disfrutábamos de la feliz convivencia del bar y confitería vecino a la Cooperativa y donde eran notable los brindis en voz alta y en distintos idiomas y mucha alegría en mesas repletas de vecinos que, no obstante todas las carencias de esa época, sin teléfono, sin pavimento, ni puerto ni puentes sobre los numerosos arroyos, se era feliz porque había seguridad en la rentabilidad de cada emprendimiento para vislumbrar un futuro de excelencia en esta bendita tierra colorada. De regreso, recuerdo que a mitad de camino, a mano derecha, nos detuvimos para comprar café. A ambos lados de la avenida había pocas casas, entre ellas, la de la familia Engwald. Sin embargo perduraban las plantaciones de yerba mate. El camino era de tierra pero con una calzada bien firme y sin polvo como que por allí había pasado un camión regador.

Creo que vale la pena recordar que para esa época no sólo eran pocos los feriados en el año, sino que también podían contarse con los dedos de las manos los bailes y que, para mayor diferencia con la actualidad, duraban hasta no más de la una de la madrugada. En las fiestas de fin de año, fuimos al histórico Salón Eibl, que estaba en el kilómetro 11. Allí, junto a su mejor amiga, Natalia, y su novio Esteban Salus, con quien anudé una amistad inolvidable, fuimos a buscar bebidas que se adquirían en un mostrador próximo a la entrada del edificio. Estábamos en ese trámite, cuando de golpe se oyó retumbar fuertemente el bombo de la orquesta local que era de excelente ejecución con violines, pistón, saxofón y batería. Sobre la tarima, que estaba al fondo del salón, uno de esos músicos exhibía una servilleta bastante grande que, de inmediato, la ató al bombo despertando la mirada atenta de los presentes. Había sido que ese hecho significaba que a partir de ese instante debían ser las damas las que tenían que salir a invitar a bailar a los caballeros. Muchas veces, esa ocurrente costumbre, daba lugar a una suerte de competencia entre las mujeres ya que rodeaban al preferido hasta cinco a seis damas. Esta original modalidad ya no se practica pero, al menos, y humanamente, sirvió tanto para anudar excelentes amistades como también –y era el objetivo fundamental- para concretar enlaces matrimoniales. Muchos años después, tanto en 1953 como en 1980, cuando volví a Eldorado para convertir al histórico periódico ALTO PARANA en el primer diario del interior de Misiones y posteriormente en plena dictadura militar para dirigir ECONORTE desde donde lancé la iniciativa de crear la histórica Comisión de Defensa de los Legítimos Intereses de Misiones, más conocida por CODELIM y que, tras unir virtualmente a todo el pueblo misionero, determinó que el Ejército Argentino sustituyera a la Armada Nacional en la administración de la provincia. Fue precisamente en esas circunstancias que investigué el motivo de cambiar los roles tradicionales para las reuniones bailables que, vale la pena recordar, según los comportamientos de cada pareja, era motivo de gritos, silbidos y aplausos frente al espectáculo que ofrecían sobre una mesa instalada al fondo del salón donde el caballero debía intentar besar a su ocasional pareja. Ese comportamiento, según mis entrevistados, era la mejor manera de disminuir la timidez que caracterizaba a muchos jóvenes pioneros de esa época primigenia de la colonización.

Recuerdo que en reconocimiento a las hazañas de nuestros pioneros, que con visión de futuro arriesgaban sus bienes en cultivos no tradicionales, merced a la segura rentabilidad de la yerba mate bien bautizada desde esa época como el “oro verde” o la Industria Madre de Misiones, y a través del sistema solidario del cooperativismo, califiqué a ese digno como patriótico comportamiento como símbolo ejemplar de lo que eran: hombres y mujeres que con fe, coraje y machete convirtieron al monte milenario en un vergel como la mejor manera de defender la soberanía nacional en este sector del continente.

Justamente por este reconocimiento hace más de 50 años que vengo luchando para que el formidable aporte que brindaron nuestros pioneros, tanto a la histórica provincia de Misiones, como también a la Nación Argentina, de una vez por todas sus responsables se ocupen de reivindicarlos para sacarlos del injusto olvido a que han sido sepultados. Y aquí, en Eldorado, vaya si hay muchos que deben figurar en la historia de Misiones.

Y hablando de pioneros, no debemos olvidar a quien tuvo la responsabilidad de abrir la picada maestra, en 1919, para dar inicio a la colonización de Eldorado. Era el agrimensor Adolfo Justo Pomar. A él, en ocasión que ocupaba circunstancialmente la gobernación de Misiones, lo entrevisté para la edición especial de ALTO PARANA con motivo de celebrarse el 38 aniversario de la fundación de Eldorado, o sea el 29 de septiembre de 1957. En la página 3, bajo el título: PALABRAS DEL PASADO Y DEL PRESENTE PARA EL PORVENIR, afirmábamos que “…con la gentileza que caracteriza al profesor Pomar, ALTO PARANA, vocero de su zona desde hace quince años, ha querido trasuntar en sus líneas la narración del proceso mismo de la gestación de un pueblo expresado por un actor de esa titánica empresa, allá por septiembre de 1919, cuando la visión de un hombre emprendedor y tenaz concibiera la colonización en estas latitudes de Misiones. Profesor Pomar, ese pedazo de historia, vivida por usted en el mismo instante de la colonización, cuando pisara como actor del acontecimiento en su proceso histórico y nos diera a conocer otros detalles borrados por el tiempo pero perdurables en el recuerdo de quienes, como usted, y el gestor de esa gran empresa, Don Adolfo Julio Schwelm, fueron los artífices de uno de los acontecimientos más felices de los hombres, como lo es el de colonizar y civilizar. Han pasado 38 años. Narre usted sus recuerdos y, a esta altura de la vida de Eldorado, háganos conocer sus impresiones respecto a su realidad presente y al porvenir que el destino deparará a nuestra población. Y esta fue la respuesta del profesor Pomar:

“A fines del Siglo pasado, con asiento en el actual Puerto Eldorado, Don Félix Solari explotó los montes de la propiedad Seguín; de ahí, que ese puerto se conociera con el nombre de “Puerto Solari”. Para el mismo fin, esa misma propiedad fue arrendada por don Gregorio Pomar en 1900, trabajando en ella hasta 1905 con asiento en el puerto conocido con el nombre de “Puerto Pomar”. Posteriormente ese puerto siguió denominándose “Puerto Pomar Cué”, y así figuró en los mapas oficiales. Adquirida la propiedad por Don Adolfo Julio Schwelm y ante sus gestiones, se le denominó “Puerto Pinares”. Contratado por el señor Schwelm para efectuar una picada de exploración en la parte central de la propiedad “Eldorado”, desembarqué del vapor “Salto” en Puerto Pomar Cué, acompañado de siete macheteros y un cocinero. Por indicación del propietario, efectuamos cinco kilómetros de limpieza de la picada maestra y ante nueva orden, suspendimos el trabajo para trasladarnos con el vapor “Iberá” a Puerto Solari, que en lo sucesivo se llamaría “Puerto Eldorado”.

El 28 a la noche nos trasladamos y desembarcamos en el arenal con todo nuestro equipo y dos mulas viejas prestadas de Puerto Piray. El día 29 de septiembre de 1919, después de armar nuestra única carpa en la primera barranca, subimos a la barranca alta y, a partir de un punto 0 donde se colocó un estacón, con la presencia del señor Schwelm, marqué el rumbo Este magnético y un grito montarás, un sapucai, respondido por los macheteros, fue la orden de partida. Acto modesto, sencillo, donde un Agrimensor y siete macheteros criollos inician la primera picada exploración, cuya finalidad era conocer el terreno y ver las posibilidades del trazado de un camino central. A pesar de las lluvias de la primavera, a los 45 días de nuestra partida, llegamos al kilómetro 40, en línea recta ya en plena serranía. La planimetría y el perfil, determinados con barómetros altimétricos compensado, están en el plano que envío como un recuerdo de aquella fecha. Nada de lamentos, nada de quejas, ni ayer ni hoy por los esfuerzos realizados y las penurias pasadas y sí, satisfacción por haber sido de los primeros en regar con sudor la tierra que sirvió para que en ella surja la Gran Colonia Eldorado, uno de los fuertes puntales de la economía de la Provincia”.

Estamos próximo al 95º aniversario de Eldorado que se cumple el 29 de septiembre del 2014 y, tal cual vengo reiterando desde por lo menos cincuenta años, como en ocasión de las tres conferencias que ya brindé en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Misiones, sobre la verdadera historia de nuestra querida provincia, es mi deseo que de una vez por todas, si los responsables de hacerlo no lo hacen, hagamos el esfuerzo de reivindicar a quienes se prodigaron como pioneros de nuestra tierra para que no sigan siendo sepultados en el injusto olvido. Pomar, que fue mi profesor en el Colegio Nacional y con quien mantuve siempre una excelente relación, fue sincero y muy humilde en el reportaje adjunto. Pero, para quienes desean llegar a la verdad, nos dejó una incógnita que ojalá podamos develarla para que también ingresen con orgullo a nuestra historia. Se trata de investigar quiénes fueron esos siete macheteros y el cocinero que con esfuerzos compartidos fueron también los protagonistas iniciales de la fundación de Eldorado.

Y recordando a Pomar, creo que es también oportuno recordar lo que pasó aquí en ocasión del 37º aniversario de Eldorado, es decir el 29 de septiembre de 1956. Apenas si habían pasado unos meses de haber asumido la Presidencia de la Nación cuando por primera vez en su historia Eldorado recibía al primer mandatario de entonces, general Pedro Eugenio Aramburu. La recepción se hizo en el kilómetro 2 cuando la municipalidad funcionaba en ese lugar. Antes de servirse el almuerzo, sin que nadie me interfiriera, porque era evidente que el general Aramburu no contaba con custodia alguna, me aproximé a él para obsequiarle el periódico ALTO PARANA que, en su homenaje, fue una edición especial de 48 páginas, a tres colores, abrochado y compuesto con gran esfuerzo en tipografía. Ese instante histórico fue registrado por el fogonazo de nuestro desinteresado colaborador, que fue el pionero de los fotógrafos de Eldorado, el recordado amigo Helmut Fändrich. En primer lugar, habló el intendente municipal, doctor Raúl Enrique Prieto, ese gran médico que tantas gauchadas hizo a los pobres en el modesto hospital que estaba en el kilómetro 4.Después le tocó dar la bienvenida al gobernador Pomar, para de inmediato dirigirse a los presentes el presidente Aramburu. Y ocurrió algo insólito pero histórico a la vez que, por su trascendencia debe perdurar para siempre. No bien Aramburu terminó de nombrar al público presente, al intendente y al gobernador, de golpe, un colono bien fornido, se puso de pie, y en voz alta dirigiéndose al Presidente de la Nación nada menos, le dijo: “Haga… después hable!!!”. Aramburu calló y notablemente muy sorprendido, le miró a Pomar. Yo estaba detrás de ambos y fue allí cuando Pomar, con total convicción y sinceridad, le dijo al Presidente de la Nación: “De ninguna manera, señor general, piense que ese comportamiento es una ofensa a su persona. Es la reacción lógica de esta gente por todo lo que hacen a lo largo y ancho de la provincia gracias al sistema solidario del cooperativismo que sustituye con mucho esfuerzo a lo que no hace el sector público, ni provincial ni nacional”. Aramburu asintió esa reflexión y se sentó sin pronunciar ni una palabra. A ese “gringo”, nadie lo molestó y menos fue rodeado por efectivos de seguridad. Al contrario, fue silenciosamente felicitado por ese coraje civil ante la máxima autoridad de la Nación Argentina y -agrego yo- por haber pronunciado el discurso más breve que se conozca en el mundo. Ese “gringo”, es también otro protagonista que debe rescatarse del olvido para incorporarlo con orgullo en la historia de Eldorado, extensivo a Misiones y a la Argentina para que trascienda al ámbito internacional reemplazando nada menos que a Napoleón Bonaparte que por su brevedad ante su tropa para invadir Egipto, frente a las históricas pirámides, los exhortó diciendo: “Soldados: Dos mil años os contemplan”.

En mi larga trayectoria como periodista, tuve la suerte de ser protagonista y también testigo de hechos trascendentes tanto a nivel nacional como provincial, como entrevistar o participar de actos frente a presidentes de la Nación o personalidades internacionales, como la famosa actriz italiana Gina Lollobrigida, Fidel Castro o el presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower, que también fue el jefe de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Pero a nivel provincial, y siguiendo con la memoria de Adolfo Justo Pomar, recuerdo que cuando César Napoleón Ayrault era gobernador de Misiones, lo acompañé cuando en la Zona Centro, próxima a los pueblos de Dos de Mayo y Aristóbulo del Valle, fue a tomar posesión de muchas hectáreas mal habidas que tuvieron sus orígenes allá por 1881 cuando el Congreso Nacional creó el Territorio Nacional de Misiones y donde sin representación alguna, perdimos la extensa superficie que abarcaba desde Ituzaingó, bordeando el Iberá hasta el arroyo Miriñay, casi en el límite con Entre Ríos y que en realidad tuvo su origen cuando en 1832 el gobernador correntino, Pedro Ferré usurpó la Histórica Provincia de Misiones violando todos los tratados preexistentes. En la ocasión recuerdo que Ayrault, en pleno monte, utilizó mi espalda para escribir un radiograma dirigido a Pomar, ya que fue durante su gobierno que se concretó el fallo judicial correspondiente, informándole que a partir de esa fecha ese lugar llevaría su nombre como “Colonia Pomar”. Días después, el gobernador Ayrault recibió la respuesta donde Pomar agradeció ese gesto pero rechazó el mismo porque, sostuvo, lo que él había hecho era haber cumplido su función de gobierno como misionero y sin pretensiones de recibir distinción u homenaje alguno. Sin embargo, hasta ahora ese lugar sigue llevando su nombre.

Tal vez se extrañe referirme con cierta extensión a Pomar, pero no debe olvidarse que fue él quien abrió la picada maestra para la fundación de Eldorado y, por lo tanto está legítimamente incorporado como fundamental pionero en esa hazaña histórica que tampoco debe ser sepultado en el olvido. Y, para su trascendencia eldoradense, agrego otra historia muy poco conocida de otro valioso aporte de Pomar a Misiones. Fue dos años antes del 29 de septiembre de 1919. Tengo en mi poder una carta de quien fuera dirigente obrero, allá por 1917: Juan Pianetti, dirigida a César Napoleón Ayrault y donde narra la cruda realidad de los obreros de entonces, en particular lo que era mayoría, los marítimos. Informa que la jornada de trabajo era de 10 horas y el jornal diario era de 2.50 pesos, la mitad en efectivo y el resto en mercaderías. Una tarde de domingo –agrega- algunos obreros que pasaban frente a mi casa, me invitaron a una reunión que iba a realizarse esa tarde en el local de la panadería desocupada en Rivadavia y Alvear. Allí estaba hablando un hermoso joven –dice- de apenas unos 24 años. A los presentes les informó que la crisis local era ficticia por el abuso de la patronal ya que en Buenos Aires ya se respetaban las 8 horas diarias, 60 pesos mensuales contra 35 en Misiones y 2.50 las horas extras. Concretamente propuso que debía constituirse una Sociedad de Obreros Unidos, con ingreso de obreros de todas las ramas para mayor poder en la lucha que debían encarar. La iniciativa fue aprobada con gran entusiasmo y de inmediato se votó para la comisión directiva recayendo la presidencia en el orador que era Adolfo Justo Pomar. Es así que también este personaje que mucho tiene que ver con Eldorado pasó a constituirse nada menos que en el fundador del sindicalismo misionero, logrando en esa época, editar un periódico y, lo fundamental: los $60 de sueldo mensual y las 8 horas de trabajo diario.

Fue para 1957 cuando en una suerte de “amigos del Alto Paraná”, que nos reuníamos casi siempre los miércoles, lancé la idea de que debíamos rebautizar a Eldorado, como hacía poco lo había hecho Oberá, con el título de “Capital del Monte”. Fueron varios los que trajeron el nombre, como Walter Nurnberg, que decía “Eldorado: Un sueño hecho realidad”, o Rodolfo Rudy Nolde: “Eldorado: crisol de razas”, a lo que, con datos ciertos de la realidad que exhibía Eldorado, tanto a nivel provincial como nacional, propuse: Eldorado: “Capital del Trabajo”, iniciativa que fue aprobada. Desde entonces, hace 57 años, Eldorado hace ya mucho tiempo que es mi pueblo de adopción, sigue trascendiendo con ese nombre como símbolo de lo que fue, es y con seguridad, seguirá siendo. Era que, y no se crea que esta calificación era exagerada, para esa época Eldorado se presentaba como la comunidad más próspera de Misiones, a tal punto que virtualmente poco o nada dependía de la ciudad capital de la provincia, pues vaya como ejemplo: con la empresa AERONORTE, de los hermanos Zettelmann, con el avión Aerocomander, en vuelo directo a la ciudad de Buenos Aires, tardábamos entre 2 horas y 40 o 45 minutos, mientras entre Posadas y la Capital Federal, con los hidroaviones de entonces, se tardaba más de 4 horas. Además era muy fuerte el comercio con el exterior, especialmente con el aceite de tung, con dos fábricas, y la exportación de citrus a Europa. Era tanta la seguridad de la rentabilidad de cada una y todas las actividades, que hasta un pionero, Federico Schmidt, ya estaba a punto de elaborar champagne con los cítricos, habiendo logrado elaborar jugos de naranja. Mientras tanto ya circulaba en toda la zona el vino “Certero”, tinto, que producía la Cooperativa Vitivinícola del Alto Paraná. El sistema solidario del cooperativismo fue el principal propulsor del crecimiento económico-social de Eldorado. Para 1957, había cinco cooperativas, con 3196 socios, con un capital suscripto por 17.204.500 pesos y realizados por 13.313.292,15 pesos que, entre todas ellas sumaban un patrimonio de 69.528.500 pesos y con un dato realmente significativo en cuanto a los depósitos en cuenta corriente que totalizaban nada menos que 16.007.500 pesos. Este último dato, según me dijo el recordado amigo, doctor Julián Francisco Freaza, que también tenía su estudio jurídico en Eldorado, junto a otra cifra importante de la Cooperativa Agrícola de Monte Carlo, le sirvió a él para crear el Banco de la Provincia de Misiones cuando en el gobierno de Pomar ejercía el Ministerio de Economía y Obras Públicas. Para mayor ilustración, adjunto fotocopia de las dos páginas centrales de ALTO PARANA en la edición especial del 29 de septiembre de 1957 donde se detallan los principales datos que sirvieron para rebautizar a Eldorado como la Capital del Trabajo.

El 2 de junio de 1975, cuando el diario El Territorio cumplía 50 años, quien fuera director de ALTO PARANA, Nelson Guimaraes, en adhesión a ese cincuentenario, escribió una nota, titulada “Un recuerdo para el periodismo y sus hombres del interior” y donde, al referirse a la nueva denominación de Eldorado, afirma que ese medio “primero fue periódico, para convertirse más luego en diario y dirigido por quien escribe estas líneas. En sus 20 años de existencia, tiene como principal puntal a Héctor Olivera y por su redacción pasan Alberto (Tito) Mónaca, Antonio Mladinic, Marcos E. Tabárez Castillo, Alcides Menges y otros, quienes pusieron y dieron lo mejor de sí, en un accionar creador y dinámico, apuntalando los objetivos de bien común de la actual Capital del Trabajo, feliz nominación calificativa debido a un chispazo del nato genio periodístico de Alberto Monaca”. Adjunto copia de esa nota.

En las dos ocasiones que me tocó convivir con el pueblo eldoradense, primero cuando dejé la ciudad de Buenos Aires y vine a vivir a Eldorado para colaborar en el periódico ALTO PARANA y que, con gran esfuerzo lo convertimos en el primer diario del interior de Misiones y después, en 1979, cuando asumí la dirección de ECONORTE, una iniciativa de esos dos grandes amigos, que fueron Luís Alberto “Lucho” Pérez y Ernesto Eriksen y que en plena dictadura militar fue símbolo de libertad cívica que trascendió a todo el país. Jamás olvidaré la adhesión y solidaridad de este pueblo cuando aquí falleció mi primer hijo, el 9 de agosto de 1956.

Se llamaba Pedro Augusto y lo sepultamos en el cementerio del kilómetro 3. Allí, no obstante la torrencial lluvia que caía, no impidió que estuvieran presentes, don Carlos Zettelmann, Ernesto Eriksen, Helmut Kirchner, Fernando Saldaña, Darío Benítez y tantos otros, como el recordado e inolvidable amigo, el doctor Raúl Enrique Prieto que, como médico y la colaboración de Walter Nurnberg, hicieron todo lo posible para salvarlo.

Pretender enumerar todas las amistades que anudé en Eldorado, como también en todo el Alto Paraná es algo imposible, ya que fueron muchos y que los recuerdo siempre. Al concretar el diario ALTO PARANA, no pudimos ponernos de acuerdo para una sociedad. Fue ese el principal motivo de mi alejamiento de nuevo a la ciudad de Buenos Aires. El primero que se ofreció para trasladarme, en camión, fue Ricardo Caffetti, pero debía esperar unos días. Era de tardecita cuando vino a mi casa Helmut Kirchner, que era piloto de AERONORTE. Me comunicó que al día siguiente iba a irse a Buenos Aires con un avión para su mantenimiento y que por decisión de don Carlos Zettelmann, me invitaba a hacer ese viaje tan anhelado por mí. Fue así que muy temprano vino un auto de AERONORTE a buscarme y al llegar al naranjal de los Zettelmann, en el kilómetro 4, donde se había habilitado una pista, allí ya estaba esperándome don Carlos Zettelmann. Antes de partir me entregó un sobre para el representante de ellos en Buenos Aires, que se llamaba Esteban Inn. Al llegar a destino, este señor al abrir el sobre halló otro en su interior a mi nombre. Al entregarme, lo abrí y cuál fue mi sorpresa que contenía una importante suma de dinero con una breve nota que decía: “Gastalo bien. Charly”. Pocos días después logré incorporarme a la redacción de un matutino por lo que fui a visitar a Helmut Kirchner para comunicarle la novedad. Y, nuevamente, cuál fue mi sorpresa al informarme que no era cierto que había traído ese avión para su mantenimiento sino que era pura y exclusivamente para traerme a Buenos Aires, esperarme y transportarme de nuevo a Eldorado. Ese era mi amigo, don Carlos Zettelmann, cuyo gesto solidario jamás olvidaré, máxime si cuando venía a Buenos Aires, siempre me invitaba a cenar en un restaurante alemán ubicado en Lavalle casi Florida. Fue precisamente en uno de esos contactos que le informé que le había hecho una entrevista a Fidel Castro cuando vino a Buenos Aires a una reunión de la OEA, en 1959, a pocos meses de haber desalojado del poder al dictador cubano Fulgencio Batista y que al día siguiente iba a salir yo a pasear con su íntimo colaborador del líder guerrillero, que era Luís Crespo, conocido como el más barbado de todos los revolucionarios y que oficiaba en realidad como lugarteniente y guardaespaldas de Fidel. A don Carlos, le adelanté una noticia que me había asombrado cuando Fidel Castro al oír mi modo de hablar que no era el del porteño, y decirle que yo era de Misiones, él de inmediato me dijo: “Oye, chico, entonces tu eres de la tierra del Ché, de la hierba mate, de los plátanos, de las Cataratas…” Y es ahí, precisamente cuando comienzo a investigar esa afirmación y que después de luchar más de 30 años, logré que Caraguatay pasara a ser patrimonio histórico de todos los misioneros por haber sido ese lugar donde se gestó el Ché Guevara viviendo en ese lugar sus primeros años de vida. Fuimos al Alvear Palace Hotel a buscar al guerrillero donde nos sacamos una foto que adjunto para esta institución. Varios meses después, al volver don Carlos a Buenos Aires, me informó sobre la grave crisis de su empresa que había sido muy afectada por la tremenda inundación en Entre Ríos, que impidió el tráfico ferroviario por lo que se perdieron todos los cajones de naranjas “Iguazú” con destino a Europa, con más el pago a los barcos que debían transportarlos. Fue ahí que le ofrecí mi mediación ante el presidente de la Nación, el doctor Arturo Frondizi, con quien mantenía una excelente relación a fin de buscar la manera de obtener un crédito. Fuimos a verlo a la Casa Rosada donde Frondizi se adelantó para saludarlo invocando su nombre: don Carlos. Era que en su campaña electoral por el Alto Paraná, AERONORTE le había facilitado un avión y ese gesto Frondizi no lo había olvidado. En concreto, pero también con la colaboración del recordado Julián Francisco Freaza, que era el presidente del Banco de la Nación Argentina, se logró un crédito exclusivamente para pagar a los productores, desistiendo de un monto mayor, en otro ejemplo de decencia y honestidad que caracterizaba a nuestros pioneros.

Otro gran amigo fue don Erich Kellner, tal vez el máximo propulsor de la aviación civil en Misiones. Era también pionero en la hotelería de Eldorado, donde levantó un hermoso hotel nada menos que en el kilómetro 33, en 1931, y donde hasta residieron personajes de la nobleza alemana. Adjunto foto histórica de esa época, donde se observa un conjunto musical y, entre otros, a Carlos Nolff, fundador del Club Gimnasia, Simmerer, Meschede, Moser, Reihle y, entre las damas, las hermanas Wieland y la señora Knobloch. Kellner posteriormente trasladó esas instalaciones al kilómetro 4 pero con el nombre de Hotel La Colina. Allí me hospedé un buen tiempo y donde también se alojaban pilotos del Aeroclub, como Fernando Saldaña, Darío Benítez y Jaime Rodríguez. Allí, en ese escenario de alegría, todos los mediodías “funcionaba”, una manera de identificar, el “Táchalo Club”, donde se jugaba a la generala, con premios y multas que se anotaban en un cuaderno y era para festejar entre amigos inolvidables cenas en ese lugar. En esa época de esplendor, don Erich Kellner fue distinguido en vida por el gobernador César Napoleón Ayrault en una ceremonia donde se bautizó con su nombre un avión de la flota de aviones sanitarios de la provincia. Recuerdo que cuando fui a anunciarle que volvía a Buenos Aires, al despedirme, al mejor estilo “gringo”, don Erich me dijo: “Y ahora quien queda aquí?”, queriendo expresar el vacío que, para él, significaba mi alejamiento de Eldorado. Para 1960, suena el timbre de mi casa donde vivía con mi familia en el Gran Buenos Aires. Al observar por la mirilla de la puerta, observo con gran sorpresa pero mucha alegría, que allí estaba don Erich Kellner. Había venido en taxi, que era muy caro llegar hasta ese lugar. Me saludó con la mano derecha, manteniendo detrás suyo el brazo izquierdo. Preguntó por mi esposa y, al venir a saludarlo, se develó lo que él ocultaba: un mediano paquete con pañales y otros utensilios para nuestra hijita de apenas tres meses de edad. Volvió al taxi para volver a obsequiarme como regalo de buen amigo un disco grande con música clásica y otro con marchas militares alemanas. Años después, en 1981, cuando editaba ECONORTE con redacción en el kilómetro 9, de su auto desciende Ernesto Eriksen portando un sobre de regular tamaño. El era miembro del directorio del Banco de la Provincia de Misiones y había sido padrino de mi casamiento, en 1954. Yo había sacado un crédito para construir una hostería en mi casa de Posadas, pensando en el futuro y tratando de copiar la experiencia de Eldorado. Pero la maldita política económica de Martínez de Hoz, me destruyó mucho de lo que yo venía ahorrando durante 25 años en menos de dos años. Para pagar el saldo de esa deuda indexada, tuve que vender una casa en Buenos Aires, un hermoso terreno de 800 metros cuadrados en la playa Santa Teresita al norte de Mar del Plata, un terrenito en Eldorado, una chacra de 7 hectáreas en Santa Inés, próximo a Posadas y un automóvil. Lo notable de esa maldita política era que no bien se pagaba un importe, al poco tiempo volvía a incrementarse. Mi amigo sabía ese tremendo castigo que venía padeciendo y, por eso, con total humildad, me saludó y, arrojando sobre mi escritorio el sobre en cuestión, me dijo: “Ahí tenés toda la deuda que tenías con el banco. Cuando puedas, pagame”. Se dio media vuelta y se fue sonriendo y contento con lo que había hecho a un amigo. ¿Y, por qué traigo al recuerdo estos hechos? Era que esos pioneros estaban acostumbrados a honrar a la amistad y ser solidarios sin jactancia alguna con sus amigos y también con sus semejantes. Precisamente por estos comportamientos inolvidables, hace mucho tiempo que Eldorado es parte de mi vida.

Hace ya varios años que he escrito seis libros pero ninguno los he editado por razones económicas. Entre ellos está “Eldorado en mi recuerdo” donde, con muchas fotos que me regaló Helmut Fändrich, en su mayoría de comienzos de la década de los ’20, o sea a meses de la fundación de este pueblo, narro hechos y anécdotas inolvidables de los cuales felizmente fui protagonista como periodista. En estos últimos años ya es común oír y afirmar que es odioso hacer comparaciones. Sin embargo, a esa sentencia que, para mí, sólo sirve para justificar y permitir malas costumbres, abusos y hasta arbitrariedades, siempre reitero ejemplos con la esperanza de contribuir a mejorar la calidad de vida de nuestros semejantes. Y en esas comparaciones siempre narro ejemplos que viví en carne propia en Eldorado. El que asombra y hasta muchos no creen, era lo que casi todas las noches ocurría en el histórico Copetín al Paso, sin olvidar a ese matrimonio tan atento y amigable que eran Jens Müller y su esposa Fridda. Allí íbamos a gozar de las cervezas y reuniones muy alegres con las ocurrencias de cada uno, destacándose entre ellos, Herman Flaig. Jens estaba muy ocupado por la gran concurrencia que atraía su negocio. Él sabía quiénes éramos y por eso jamás desconfió de nosotros. Era que para no molestarlo, cada uno íbamos a buscar la cerveza y, al terminar la reunión y antes de despedirnos, cada cual depositaba en el cajero del copetín el importe exacto de lo que habíamos consumido, inclusive hasta nos dábamos el vuelto si sobraba el importe depositado. Ese comportamiento sólo tenía una explicación: era que para esa época valía la palabra porque era símbolo de honestidad y decencia. Otra comparación que también debe destacarse, el comportamiento de los choferes y guardas de los colectivos de entonces. Si habrán hecho gauchadas sin pretender el pago de dinero alguno. Virtualmente hacían de carteros portando todo tipo de correspondencia, tanto dinero para el pago de compromisos de los empresarios locales, pero fundamentalmente cartas de amor que eran entregadas personalmente, previo al llamado de fuertes bocinazos. Fue así que también contribuyeron a formalizar muchos matrimonios a lo largo de la Ruta 12, desde Posadas hasta Puerto Iguazú. En forma espontánea ayudaban a subir o descender de los vehículos a los ancianos y, si llovía, prestos alzaban a las damas cubriéndolas con sus modestos impermeables hasta depositarlas en sus respectivas casas. Pero lo más destacado era comprobar el coraje y la experiencia para manejar sobre un camino saturado de riesgos, máxime para cruzar las precarias pasarelas que hacían de puentes sobre los arroyos. Fue por estos gestos de solidaridad inolvidable que en el periódico ALTO PARANA destaqué esas virtudes titulando una nota como “Héroes de todos los días”. Era que imperaba la alegría de vivir no obstante carecer de caminos pavimentados, servicios telefónicos y luz eléctrica las 24 horas del día, menos alumbrado público. El dinero argentino valía y no había inflación, por lo tanto se tenía la seguridad de apostar con esperanza en un futuro mejor. La rentabilidad del trabajo y la producción estaban garantizadas, tanto para la yerba mate, como para el té, el tung, los cítricos o la foresto-industria. Esa realidad, también inolvidable, no importaba la posición económica de sus habitantes, alentaba las ganas de disfrutar en reuniones entre amigos que se apreciaban todos los días en bares, confiterías y clubes repletos por todas partes. Y, por último, para no aburrir con estos comentarios, no debemos olvidar –y que también sirve para comparar esa época con lo que ocurre en estos últimos años, fueron muchos los pioneros que con visión de futuro y arriesgando sus ganancias en innovaciones comerciales como industriales, lograron concretar grandes empresas que contribuyeron al desarrollo económico como social de sus respectivas comunidades. Era que, como ejemplo de esa admirable solidaridad, esas ganancias se reinvertían en el pueblo donde residían y no se canalizaban a otros mercados y menos al exterior. Es precisamente en base a estos como otros ejemplos que insisto en reiterar que de ninguna manera resulta odioso hacer comparaciones si esas comparaciones sirven para mejorar la condición humana de nuestros semejantes con la esperanza de volver a esa cultura de honestidad, decencia y solidaridad.

Pero antes de dejar de recordar hechos y anécdotas de fines de la década del ’40 y hasta principios de la década del ’60, no debo olvidar la gran amistad que anudé con Eduardo Schwelm. Muchas veces compartíamos reuniones y los bailes que se realizaban en el antiguo edificio del Club Social Argentino, donde después se instaló el Servicio Penitenciario. Él casi siempre hacía una suerte de parada en el edificio donde editábamos el periódico ALTO PARANA. Recuerdo una actitud suya que me llamó mucho la atención, a tal punto que dejaba de escribir a máquina y él me pedía que siguiera. Lo llamativo era que se sentaba al revés en la silla acomodando sus dos brazos en el respaldo y mirándome fijamente para cambiar de lugar y hacer lo mismo. Con el tiempo comprobé que ese extraño comportamiento era nada menos que para pintar mi imagen, ya que también hacia lo mismo con Nelson Guimaraes, que era el director del periódico. Y esa cualidad de Eduardo lo comprobé una noche cuando él me invitó a cenar en su residencia, o sea la de su padre, cuando al observar a través de una puerta semiabierta vi pegado a un atril el lienzo donde estaba mi imagen sin completar. Vaya a saber qué destino tuvo esa original manera de haber sido también un artista. Eduardo era un entusiasta del automovilismo, a tal punto que adquirió uno de carrera. Quiso el destino que yo estaba aguardando el vehículo que me llevaría al aeródromo de Posadas para volver a Eldorado, cuando apareció él en el Hotel Savoy. Vino el piloto del aeroclub a buscarme y fue ahí cuando me pidió que lo acompañara, ya que necesitaba quien manejara una suerte de bomba para mantener en condiciones el radiador. Pero fiel a su espíritu de aventurero, Eduardo le hizo una apuesta al piloto que consistía en quién iba a llegar primero a Eldorado y el que perdía tenía que pagar la cena esa misma noche. De inmediato salimos a toda velocidad, mientras el piloto aguardaba el auto que lo llevaría al aeródromo, hacer los trámites y poner en funcionamiento el avión. La verdad que fue una locura transitar a esa velocidad cuando la Ruta 12 todavía era de tierra y había que superar la inmensa polvareda de los camiones. Pero la novedad para llegar primero estaba en un camino que para mí era un secreto, pocos metros después de pasar el arroyo Cuña Pirú. Allí, a la derecha, ingresó a una picada bien angosta para llegar en minutos hasta Garuhapé, es decir, sin pasar por Capioví, Mbopicuá y Puerto Rico. Cuando el piloto llegó, él nos encontró tomando unos tragos en el Copetín al Paso, por lo que debió pagar la cena. Lo triste es que tiempo después Eduardo muere en un accidente con ese auto pero que él no manejaba. Era fin de año y lo velamos en su casa al aguardo de su madre que venía en avión desde Buenos Aires trayendo el ataúd para sepultarlo. Mientras tanto, el secretario de la municipalidad, que era don Roberto Escalada, comentaba que había traído desde Posadas 48 bombas de estruendo para despedir el año y recibir el nuevo, pero que con la muerte del hijo del fundador de la colonia no iba a ser posible ese festejo. Ante esa actitud, de inmediato un grupo de sus amigos íntimos, les pedimos esas bombas que en la noche de su entierro, junto al mismo lugar donde está sepultado su padre, nos fuimos allí donde lanzamos al cielo eldoradense esas bombas y brindando unos tragos en su homenaje como a él le hubiera gustado.

Olvidaba recordar que hace 70 años –fue en 1944- tuvo lugar en la ciudad capital de Misiones la Primera Fiesta Nacional de la Yerba Mate y, al mismo tiempo una exposición agro-industrial donde, además del “Oro Verde”, se sumaron el té, el tabaco, el tung y dos producciones que luego desaparecieron, como lo fue el ramio y el yute, además de la industria forestal. Esos hechos tuvieron trascendencia nacional a cuatro décadas del comienzo de la colonización en Misiones por cuanto todos los actos fueron presididos por el entonces presidente de la Nación, el general Edelmiro J. Farrel, el primero en visitar la tierra colorada. Donde después se habilitó la Cámara de Representantes, allí se construyó un magnífico edificio para la exposición, con dos gigantescas esculturas de ocho metros de altura al frente de esa casa histórica. Con gran esfuerzo para esa época, ya que no se contaba ni con caminos pavimentados y menos con puentes sobre los arroyos, sin embargo participaron 19 carrozas con sus respectivas reinas de la yerba mate. Fue la representante de Oberá la que fue coronada como la primera reina nacional de la yerba mate por el presidente Farrell. Ella era Anita Paas, en tanto por Eldorado, su representante fue Herminia Goldman Durian, que junto a la de Puerto Rico, Lya Krumkamp, las únicas tres fueron registradas por fotografías. Es por ello que sugiero a esta institución que, como se trata de un apellido bien ligado a la fundación de Eldorado, vale la pena rescatar otras fotos con las imágenes completas de Herminia y, en lo posible, también quienes fueron sus princesas para incorporarlas a la historia de la yerba mate de Eldorado. Adjunto una fotocopia de la nota gráfica de ella.

Ya han transcurrido 70 años de esa verdadera hazaña en la que hasta se compuso un himno a la yerba mate, con música de José Pilleri y letra de la distinguida docente Stella de Leguía. Pero poco o nada desde entonces se difunde para dimensionar la importancia que ya tenía Misiones en el concierto nacional. Para Eldorado, la publicación que se imprimió al año siguiente con todos los actos y discursos de los protagonistas, se le distinguió con varias páginas con fotos realmente históricas y donde predominan varias magníficas imágenes del Parque Schwelm y que, también para esta institución adjunto fotocopia.-

Para 1979 volví a Eldorado donde me ocupé de ECONORTE, un periódico que en sólo dos años y dos meses de circulación logró despertar el interés de los lectores del Alto Paraná y la zona Norte de Misiones, desde San Ignacio al Iguazú y desde Aristóbulo del Valle a Andresito. Pero lo que más llamó la atención, inclusive de los medios de Buenos Aires, fue la crítica al régimen imperante que después fue calificado como “la última dictadura militar”. Narrar toda esa misión periodística es imposible pero, para dimensionar su trascendencia adjunto fotocopias de páginas enteras y muchos ejemplares de ECONORTE que pude rescatar de mi archivo. El comportamiento soberbio como prepotente del capitán de navío Pacagnini, que ejercía la gobernación en representación de la Armada Nacional, junto a su ministro de Gobierno, Pérez Echeverría, con la misma jerarquía, ya era insoportable para el pueblo misionero. La rentabilidad de la producción agraria, estaba en crisis. Ellos vinieron y mantuvieron una reunión con colonos en la entonces chacra experimental de la Cooperativa Agrícola que estaba sobre la Ruta 12. Allí la respuesta a los reclamos fue tremendamente agraviante ya que se les insinuó a los productores que si la chacra no daba ganancia la abandonara y se dedicaran a la venta de electrodomésticos. En primera plana difundí ese agravio que trascendió en Buenos Aires y otros medios del resto del país. Pero lo que ya era imposible de aceptar era la decisión de privatizar Papel Misionero, con extensión al Banco de la Provincia y al Instituto Provincial del Seguro. Justamente para defender esas instituciones que eran patrimonio de todos los misioneros, desde ECONORTE, luego de haber participado de la asamblea de Papel Misionero en Posadas, el 31 de mayo de 1981, en primera página, con el título “Decepción e impotencia del sector privado misionero en un debate inútil y estéril”, lancé una convocatoria para crear un “Movimiento en defensa de los legítimos intereses del pueblo misionero”. Pero después, a los pocos días, la iniciativa se denominó “Comité para la Defensa de los Legítimos Intereses de Misiones” (CODELIM) y que, sin temor alguno a quienes ostentaban el poder en la provincia, propuse lo siguiente: 1) Absoluto respeto y cumplimiento de cuanto manda la Constitución de la Provincia de Misiones; 2) Decidido apoyo al sector agrario y al sistema cooperativo; 3) Defensa indelegable de PAPEL MISIONERO, como patrimonio del pueblo de Misiones a través del 51% del paquete mayoritario de acciones en poder del Estado Provincial, adquisición y privatización del 37% de las acciones en poder del Estado Nacional por parte de los productores forestadores de Misiones. Todos los sectores que integran el movimiento, se comprometen formalmente que una vez restituido el orden institucional, en el supuesto que PAPEL MISIONERO sea transferido a terceras personas ajenas a sus auténticos propietarios, se restituirá al patrimonio provincial, como reivindicación misionera en salvaguarda del federalismo; 4) Afianzamiento de la presencia argentina en el Área de Frontera a través de planes tangibles de desarrollo económico y política de fomento y promoción para el arraigo del hombre argentino; 5) Mejoramiento de la educación y elevación socio-cultural de la población misionera; 6) Rectificación de la actual política económica que destruye el aparato productivo de la Provincia de Misiones agrediendo a todos los sectores sin excepción; 7) Hasta tanto se normalice institucionalmente la provincia, bregar ante todos los niveles y a través de los medios de comunicación, para que Misiones sea gobernada por misioneros”. De inmediato dispuse que dos equipos salgan a recorrer la zona, uno sobre la Ruta 12 y el otro hacia el Este, para conseguir adherentes. Contrariamente a lo que pueda imaginarse con categóricas propuestas, casi todos los entrevistados, a quienes se los identificaba con nombre y apellido y foto de cada uno, fueron sumando un grupo importante de toda esta zona de Misiones. En una palabra, en plena dictadura, nuestros comprovincianos, no tuvieron miedo de jugarse por el presente y futuro de nuestra querida tierra colorada, un comportamiento que no debe olvidarse y que, una vez más, sirve para hacer comparaciones de lo que aconteció años después de haber retornado a la democracia. Fue tal la trascendencia que tuvo esta movilización que contagió esa protesta a destacadas personalidades de la comunidad misionera que para octubre de ese mismo año se convocó a una reunión multipartidaria e interdisciplinaria en la casa del doctor Ricardo Barrios Arrechea, en Posadas. Allí se decidió redactar una solicitada para interesar al resto de los misioneros y difundir en distintos medios, inclusive en la Capital Federal. Pero antes de esa reunión, personalmente fui a la ciudad capital de Misiones para interesar a varios dirigentes, entre ellos, quien fuera gobernador, el escribano Miguel Angel Alterach. En su estudio ocurrió una anécdota que vale la pena transcribir, como él mismo lo hizo en uno de sus libros. Alterach fue uno de los fundadores del peronismo misionero. Le gustó la iniciativa y adelantó su adhesión pero, en tono de buen amigo, me dijo: “La idea es magnífica, pero el nombre que le pusiste tiene olor a radical. Sustituí esa palabra por comisión”. A lo que accedí y desde entonces la movilización trascendió como Comisión en Defensa de los Legítimos Intereses de Misiones (CODELIM). Quiso que el destino nos deparara un hecho realmente trascendente como emotivo. En esos días, en conocimiento que estaban en Posadas el líder del Radicalismo, Ricardo Balbín y el delegado de Perón, el chaqueño Deolindo Felipe Bittel, los convocamos para informarles de nuestra iniciativa. Los dos, ambos históricamente adversarios, al enfrentarse cara a cara, se confundieron en un fuerte abrazo, actitud que nos conmovió hasta las lágrimas. Justamente por ese hecho, Alterach, en su libro “La Política que yo viví”, en la página 57, afirma: “La CODELIM es el primer grito de rebelión contra la dictadura. De allí surgirá el primer encuentro entre autoridades del justicialismo, el radicalismo y el MID. Luego vendría la MULTIPARTIDARIA NACIONAL y el ansiado retorno a la normalización institucional. Ahora yo pregunto: no cree usted que los misioneros tenemos algo que ver en la lucha contra la dictadura y el retorno a la democracia?”, es la pregunta que le hace a un periodista que lo había entrevistado. En concreto, en la casa de Barrios Arrechea, la asamblea eligió una comisión para la redacción de la solicitada que estuvo integrada por Justo Oscar Nuñez, Alejandro Rojas Decut, José Gabriel Horrisberger, Norberto Velozo y, por supuesto, yo. Esa misma noche pusimos a consideración esa histórica solicitada que llevaba como título: “AL PUEBLO DE LA REPUBLICA Y A LAS FUERZAS ARMADAS”. Al aprobarse por aclamación, se dispuso su difusión en Posadas, Eldorado, Corrientes y en la Ciudad de Buenos Aires que, en este caso, me tocó a mí viajar junto con don Eugenio Urrutia, un empresario que se jugó por la causa, donde todos los jueves a la noche nos reuníamos en su domicilio para seguir en la lucha. Fue por ello que atentaron contra su casa con una bomba y también frente al CAYA (Centro Agrario Yerbatero Argentino) donde él era su dirigente. Para el archivo de esta institución, adjunto esa histórica solicitada con más otros antecedentes de esta causa que surgió en Eldorado y que trascendió a todo el país, máxime que a los pocos días, el general Rafael Videla, que era el presidente de la dictadura, decidió reemplazar a la Marina por el Ejército Argentino en la conducción de Misiones, designando para esa funciones al general Juan Manuel Bayón que, de entrada nos ofreció integrar su gobierno, que rechazamos pero agradecimos, designando sin embargo a algunos misioneros como colaboradores suyos.

Al celebrar que la Argentina retornaba a la democracia, en la última reunión formal de quienes estábamos al frente de la CODELIM, se discutió si era o no conveniente seguir funcionando como organismo no gubernamental para cumplir con los objetivos de su creación, es decir, controlar y/o sugerir iniciativas al gobierno de turno. A excepción del amigo Norberto Velozo y yo, el resto decidió que CODELIM ya había cumplido con sus compromisos. Y aquí, nuevamente apelo a la comparación, ya que de seguir funcionando CODELIM, tal vez y seguramente otra seria la realidad de Misiones a partir de 1983 y hasta la actualidad, con la incorporación de las nuevas generaciones de misioneros en la lucha por los legítimos intereses de Misiones. No obstante yo, al menos, seguí mi trayectoria de periodista colaborando ad-honorem, con los medios locales en un todo de acuerdo a lo que es y debe ser esta noble misión de informar la verdad con objetividad, con libertad e independencia y sin miedo, siguiendo esa consigna histórica de José Gervasio Artigas: “Con la verdad no temo ni ofendo”.-

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Comentarios

21.08 | 10:19

increible que buen trabajo!!!!

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25.07 | 02:27

No entendí este comentario, era muy importante el Dr.Withelm Küpers, lamentablemente no he encontrado historias escritas por la familia, pero si conocí todos.

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06.05 | 10:37

una genialidad esta página, y, excelente trabajo!!

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14.04 | 18:42

Karina busca a Renata Otto ella escribió un libro sobre los Marcovis. Yo tengo fotos de él.

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